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Descripción
Es 31 de octubre y Mateo solo quiere terminar rápido con la tradición de pedir dulces junto a su hermano pequeño, Leo. Todo parece normal hasta que el niño insiste en tocar la puerta de una casa abandonada al final de la calle Laurel, la única que no tiene luces ni calabazas. Un cartel escrito con algo que parece sangre advierte: NO LLAMAR.
La puerta se abre sola.
Dentro no hay caramelos. Hay dedos de niños envueltos en papel negro, sábanas que esconden cuerpos podridos y una mujer sin rostro que ofrece “dulces” a los valientes. Cuando Mateo logra sacar a su hermano de aquella casa, descubre que Leo ya no es el mismo. Algo se ha quedado dentro de él… y tiene hambre.
Una historia de Halloween donde el truco es mucho peor que el trato.
Cecilia thalia Verastigue mellado
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