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Descripción
No sé bien cuándo empieza a perderse una casa. Si es el día en que se firman los papeles, o mucho antes, en esa primera noche en que uno se da cuenta de que ya no puede sostenerla. Yo creía que perder la casa era lo peor que me podía pasar. Estaba equivocado. Lo peor fue descubrir todo lo que la casa se llevó consigo sin que yo me diera cuenta: el nombre con el que me saludaban los vecinos, el lugar donde mis manos sabían moverse sin pensar, la certeza tan simple y tan necesaria de tener un techo que era mío antes de ser de cualquier otro.
Antonio Vasquez Alfaro
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Lector Curioso
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